Como excanciller, conozco de primera mano la complejidad de la relación entre Colombia y Estados Unidos. Por eso hablo con franqueza: en la crisis diplomática más reciente marcada por la descertificación en la lucha antidrogas y por la inclusión del presidente Petro en la llamada Lista Clinton ha faltado autocrítica, estrategia y responsabilidad de parte del Gobierno colombiano.
Esta situación no es menor. La llamada “crisis por la Lista Clinton” ha puesto en riesgo uno de los vínculos más estratégicos para nuestro país. Y para enfrentarla, necesitamos serenidad, técnica y una diplomacia realista que priorice el interés nacional.
Una crisis alimentada por mensajes impulsivos
La relación bilateral exige precisión, prudencia y comunicación técnica. Cuando esos pilares se sustituyen por reacciones impulsivas en redes sociales o por provocaciones públicas, la confianza se deteriora rápidamente.
Eso es exactamente lo que hemos visto en los últimos meses: una narrativa reactiva, sin coordinación, que terminó agravando la tensión.
He insistido en que debemos reconocer qué no está funcionando en nuestra política antidrogas, corregir errores y fortalecer los mecanismos de cooperación. Pero también es necesario entender que Estados Unidos, como socio, tiene responsabilidades y limitaciones propias. Ambas estrategias actuales muestran agotamiento, y negar ese hecho solo empeora la situación.
El efecto Trump y el deterioro del diálogo
Durante años, incluso en momentos difíciles, Colombia mantuvo una interlocución sólida con Estados Unidos. Sin embargo, con el regreso de Donald Trump a la presidencia, el tono cambió drásticamente.
Un lenguaje abiertamente confrontacional generó distancia y complicó cualquier posibilidad de entendimiento.
El Gobierno colombiano no supo ajustar su estrategia ante ese nuevo contexto político, y eso contribuyó a que la crisis escalara. La Lista Clinton no solo tiene implicaciones técnicas: se convierte en un símbolo político que, manejado de manera torpe, afecta la credibilidad del país.
Incluir más voces para recomponer la relación
Propongo algo fundamental para enfrentar esta crisis: ampliar las voces en el diálogo bilateral. La relación con Estados Unidos no puede depender solo del gobierno de turno. Deben participar:
Sectores sociales
Comunidades afro, indígenas y campesinas
Academia
Empresarios
Expertos en seguridad, comercio y derechos humanos
Una visión más amplia permite construir una política exterior más legítima y representativa, capaz de resistir tensiones y adaptarse a coyunturas cambiantes.
La relación no está rota: todavía hay espacio para recomponerla
A pesar de la crisis, valoro que la relación con Estados Unidos no se haya quebrado. Ese solo hecho abre la puerta a una hoja de ruta seria y pragmática.
Colombia necesita diplomacia moderna, realista y libre de cálculos personales. Necesita liderazgo que sepa reconocer errores, corregir rumbos y reconstruir confianza.
La crisis por la Lista Clinton debe convertirse en una oportunidad para replantear nuestra política exterior y fortalecer una alianza que ha sido determinante para nuestro desarrollo.
Estoy convencido de que Colombia puede superar este momento difícil con serenidad, inteligencia y visión de largo plazo. La solución está en el diálogo, la autocrítica y la defensa responsable de nuestros intereses nacionales.






