Hablemos de la Colombia olvidada.
Y empecemos por Buenaventura.
Buenaventura es mucho más que el principal puerto del Pacífico: es el espejo de un país que, durante décadas, ha crecido de espaldas a su costa. Allí, donde el mar se funde con la selva y la cultura afrodescendiente sostiene la vida cotidiana, habita una población resiliente que ha resistido siglos de exclusión con música, espiritualidad, trabajo comunitario y una esperanza que se niega a desaparecer.
Con más de 325 mil habitantes (DANE 2025), la mayoría afrocolombianos, Buenaventura no es solo un municipio: es un Distrito Especial, un reconocimiento que habla de su importancia portuaria y geoestratégica. Sin embargo, este territorio encarna una de las contradicciones más profundas del modelo de desarrollo colombiano: aporta más del 60 % del comercio marítimo nacional, pero sus comunidades viven entre los niveles más altos de pobreza, informalidad, desnutrición, desempleo y violencia.
Un territorio estratégico atrapado en desigualdades históricas
Los desafíos de Buenaventura son estructurales y multidimensionales. La riqueza del puerto no se traduce en bienestar local. La desconexión entre la economía portuaria millonaria y dinámica y la economía comunitaria empobrecida y fragmentada ha fracturado el tejido social.
La presencia institucional sigue siendo débil. Las bandas armadas disputan el control del territorio. En pleno siglo XXI, hay barrios sin acueducto ni alcantarillado, sin acceso a salud de calidad, sin oportunidades para la juventud.
El contraste es doloroso: el puerto mueve la economía nacional; sus comunidades cargan las consecuencias del abandono estatal.
Pero Buenaventura no es solo carencia.
Buenaventura es potencia: el puerto, la cultura y el Pacífico que puede liderar el futuro
Este territorio tiene todo para convertirse en un epicentro logístico, turístico, ambiental y cultural del país. Su ubicación es estratégica para el comercio del Pacífico; sus manglares, selvas y biodiversidad marina son un tesoro para el ecoturismo sostenible; su juventud afrodescendiente posee un talento artístico y una fuerza cultural que ya han conquistado al mundo.
Buenaventura tiene algo que pocos lugares poseen: una identidad profunda y una potencia humana que, con inversión, confianza y liderazgo, puede transformarse en desarrollo.
La visión de Murillo: justicia territorial para transformar Buenaventura
Para Luis Gilberto Murillo, Buenaventura no es un punto en el mapa: es un símbolo del país que debemos construir. Un territorio que demuestra que Colombia no avanzará mientras siga marginando a quienes han sostenido la nación desde el silencio.
Su visión parte de una premisa clara:
sin justicia territorial y sin reconocimiento real, no habrá desarrollo verdadero en el Pacífico.
Por eso, Murillo plantea que el desarrollo del Pacífico debe dejar de ser un discurso de campaña y convertirse en una política de Estado, con:
Inversión pública sostenida
Autonomía local fortalecida
Participación comunitaria real
Proyectos productivos conectados con el puerto
Integración logística con el interior del país
Seguridad humana, no solo militar
Murillo entiende Buenaventura porque viene del mismo Pacífico profundo. Ha vivido y gobernado esa realidad. Su apuesta no es solo técnica: es ética, humana y territorial.
Buenaventura: la oportunidad que Colombia no puede seguir aplazando
El puerto no puede seguir siendo una frontera de desigualdad.
Debe convertirse en una puerta al futuro, un eje de desarrollo para el Pacífico y un motor para la economía nacional.
Buenaventura representa el reto y la promesa del país:
un territorio donde todo está por hacerse, pero donde también todo es posible si se gobierna con equidad, inclusión y esperanza.
Porque el desarrollo no se mide solo en cifras.
El desarrollo se mide en dignidad.





